La impresión serigráfica consiste en empujar una tinta a través de una pantalla, utilizando una cuchilla o rasqueta de relleno (normalmente compuesta de acero inoxidable o malla de poliéster) que está unida a un marco metálico sobre un material (sustrato). Normalmente se empuja un solo color a través de la pantalla, el material se traslada a la siguiente estación y luego se empuja un segundo color a través de una pantalla diferente. Para un proceso de cuatro colores, esto se repetiría cuatro veces para CMYK, que al combinarse proporciona una gama completa de colores. La serigrafía es conocida por su altísima calidad, durabilidad, adherencia y longevidad, ya que la cantidad y el tipo de tintas que pueden utilizarse suelen ser más gruesas que en otros procesos de impresión, como la inyección de tinta o la flexografía.